Grandes Sensaciones

Exhibición de Lucila Mur y Carmen Rocher
Diciembre: del 15 al31
Galería Prima, Calle Castillo 540, Capital Federal.

Ya desde el propio título, la exhibición de Lucila Mur y Carmen Rocher se anuncia en amplitud y variedad. Son dos palabras y también son dos las artistas de la muestra, de generaciones y trayectorias diferentes, y que en esta instancia se complementan en una propuesta de conjunto compartiendo un espacio expositivo. No sorprende, entonces, que sean distintas las obras que se suceden en la sala, una tras otra, como en un ritmo dislocado y cambiante en formato y técnica, color, materialidad y emplazamiento.

Aunque nada se repite, y casi ninguna obra parece emparentada en forma obvia, todos los trabajos de la muestra refuerzan la misma puesta en escena y un ambiente singular. El hecho es que la exhibición se presenta primero como sitio contenedor; una membrana que aloja al espacio y a sus obras -y al espectador- en un clima propio que se vuelve atmósfera difusa, cambiante, profunda.

La propuesta de Lucila Mur es la que más abruptamente cambia. Pasa del retrato al paisaje icónico, del objeto al perfume, del sonido al disparo sordo de un revolver. Sus trabajos, en su mayoría pinturas, parecen contener un código propio con mensajes descifrables desde lugares íntimos. Una frase en un cuadro nos lleva a otro tiempo. Un claroscuro se superpone a formas planas. En otro extremo, unos pies descalzos suspendidos en una fotografía o vidrio roto parece un nuevo formato de crucifixión contemporánea. Todo se conjuga en una metáfora escénica, un estado ajeno al cotidiano que remite a los recuerdos, las fantasías, los miedos posibles. Quizás no sepamos lo que verdaderamente simboliza cada escena y cada cuadro, pero eso ya no es lo que importa. Lo relevante es cierta posibilidad de empatía dada por lo transmitido, y porque además hay algo oculto y que intriga.

La obra de Carmen Rocher plantea un ambiente envolvente desde un ángulo inicialmente más visible. Una intervención con varillas espiralazas de lámparas de papel, papel ya rasgado, negado de su función aplanada, pero devuelto a su estado orgánico casi natural. La artista realiza un giro, disloca la función y la forma, rompe cuidadosamente y rearma un delicado paisaje sobre el muro. Las fibras se vuelven la enredadera que se desliza por la sala en un inerte estar que rodea el entorno como una segunda membrana protectora. Junto a este trabajo in-situ, la artista presenta otras obras digitales que remiten a la forma circular, al eterno retorno, al ciclo que envuelve todos los tiempos. Hay nuevamente algo oculto en las sombras difusas, en el quiebre de la esfera, en el giro del objeto que frente al ojo, también esfera, oculta siempre una parte, espalda del objeto o su reverso.

Entrar en esta muestra es recorrer y revivir sensaciones, ya sean grandes o pequeñas, visibles o escondidas. Es salir de la calle, dejar el día, y ser parte de la escena onírica creada desde la libertad de dos artistas que la crean y ofrecen como un delicado regalo.

Melina Berkenwald, CURADOR
Noviembre 2009

Por Melina Berkenwald